El cronut, nacido en la panadería Dominique Ansel en Nueva York, atrajo a tanta gente que se creó un servicio web de pedidos que ofrecía a los clientes un tiempo de espera de dos semanas si querían tener acceso a uno.
Podría decirse que es el pilar central de los productos de panadería híbridos, un dúo croissant-donut frito que en países como Inglaterra ya casi es convencional y que aún no acaba de verse demasiado en nuestro país.
La influencia de recetas de otros países llega a la culminación con el cretzel, también conocido como proissant, cuya masa de croissant de color marrón oscuro y brillante cubierta con escames de sal marina, como un pretzel.
Si queremos sofisticación podemos arriesgarnos con los Macarengues, fruto del amor de un macaron francés y un merengue, en definitiva una versión más gruesa y esponjosa de un macaron francés, que también resulta deliciosa.
Si nos gusta inventar pero sin mucho riesgo apostamos por el Crookie, un croissant recién horneado relleno con galletas Oreo rellenas triples. Inventado por el pastelero Olivier Jansen-Reynaud, este postre fue creado inicialmente para una competencia, pero rápidamente se hizo viral, después de ser compartido en línea por revistes de la talla de Paris Hilton y la revista Time.
El Bagnut, también conocido como Dogel, es un donut bagel hibrido que salió a la luz después de que se mencionara en una conocida serie de Netflix. A pesar de que la mención tenía la intención de ser un chiste gracioso en la cultura culinaria de la ciudad de Nueva York, la sabrosa dona se convirtió en objeto de deseo para el público que la vio.